Después de tantos años de felicitaciones, mensajes, regalos y demás folklores, uno ya no sabe cómo ser original cuando llegan cumpleaños y aniversarios. Es por ello, que tras meditar un día entero sumido en la angustia de no saber cómo responder con dignidad a la solemnidad de la ocasión, he decidido entregarme a los clásicos. Pongo pues a disposición de la autoridad las hipotéticas narraciones del primer encuentro con mi ya vieja amiga, que hubiesen hecho los siguientes autores:
Miguel Delibes:
El Sol bañaba los campos de Castilla. La tenue luz que se filtraba por los tragaluces dibujaba perfectamente su silueta sobre el horizonte. El tiempo que transcurrió hasta que se sentó al lado mío en aquel banco, fue suficiente como para que reflexionara sobre mi vida. El aire era seco, vacío, como mis pensamientos a partir de ese instante. Al mirar su cara, pude apreciar sus perfiladas facciones, trabajadas por los años al igual que el viento esculpe el paisaje que observamos. - ¿Sabes dónde está la clase de dibujo?-, pregunté. -Sí-. Me contestó.
J.R.R. Tolkien (el del Señor de los Anillos):
La escuela estaba rodeada de numerosos bosques de sauces, cedros y chopos. Las altas copas proyectaban sus sobras por todo el valle. La oscuridad bajo aquel techo de hojas era comparable con la de los tiempos que se avecinaban. Sin embargo, un rayo de luz y esperanza iba a caer delante justo de nuestro protagonista. El joven Ángel, hijo de José Ramón, descendiente de reyes y nobles de la tierra de Aragón, había llegado a aquella lejana región apenas hacía día, tras varias jornadas de viaje a galope. Su pasado, y la vida que había llevado hasta ahora, eran totalmente ajenos a los habitantes que ahora estaban ante él, y que tan extraños le resultaban. El día era lluvioso y los augurios no eran nada favorables…, hasta que ocurrió. Dos jóvenes damas se sentaron junto a él en el robusto banco. El colgante de oro que llevaba alrededor del cuello desde que era pequeño empezó a brillar. Le estaba indicando que eran el buen camino.
El Nuevo Testamento:
Por aquellos días, Ángel llegó a la ciudad de Valladolid. Una vez allí, se dirigió inmediatamente a la escuela de industriales. Los mercaderes se agolpaban fuera del templo del estudio. Pasó la mañana dentro de él como el extranjero que era. Le quedaba un largo camino hasta proclamarse rey de reyes. Advirtió la presencia de dos aldeanas cerca y les pidió consejo. – En verdad os digo que no sé dónde está la clase de dibujo -.Les dijo. Acto seguido, cogió un palo y dibujo sobre la arena un símbolo de interrogación. Ellas lo entendieron y vieron que era algo bueno.
Un guión de Tarantino:
El protagonista A. Russo llega en su Cadillac del 73 a la escuela levantando una enorme polvareda. Durante el camino, mastica obsesivamente chicle y escucha en la radio la música que dispongo a continuación y que se mantendrá durante toda la escena.
Miguel Delibes:
El Sol bañaba los campos de Castilla. La tenue luz que se filtraba por los tragaluces dibujaba perfectamente su silueta sobre el horizonte. El tiempo que transcurrió hasta que se sentó al lado mío en aquel banco, fue suficiente como para que reflexionara sobre mi vida. El aire era seco, vacío, como mis pensamientos a partir de ese instante. Al mirar su cara, pude apreciar sus perfiladas facciones, trabajadas por los años al igual que el viento esculpe el paisaje que observamos. - ¿Sabes dónde está la clase de dibujo?-, pregunté. -Sí-. Me contestó.
J.R.R. Tolkien (el del Señor de los Anillos):
La escuela estaba rodeada de numerosos bosques de sauces, cedros y chopos. Las altas copas proyectaban sus sobras por todo el valle. La oscuridad bajo aquel techo de hojas era comparable con la de los tiempos que se avecinaban. Sin embargo, un rayo de luz y esperanza iba a caer delante justo de nuestro protagonista. El joven Ángel, hijo de José Ramón, descendiente de reyes y nobles de la tierra de Aragón, había llegado a aquella lejana región apenas hacía día, tras varias jornadas de viaje a galope. Su pasado, y la vida que había llevado hasta ahora, eran totalmente ajenos a los habitantes que ahora estaban ante él, y que tan extraños le resultaban. El día era lluvioso y los augurios no eran nada favorables…, hasta que ocurrió. Dos jóvenes damas se sentaron junto a él en el robusto banco. El colgante de oro que llevaba alrededor del cuello desde que era pequeño empezó a brillar. Le estaba indicando que eran el buen camino.
El Nuevo Testamento:
Por aquellos días, Ángel llegó a la ciudad de Valladolid. Una vez allí, se dirigió inmediatamente a la escuela de industriales. Los mercaderes se agolpaban fuera del templo del estudio. Pasó la mañana dentro de él como el extranjero que era. Le quedaba un largo camino hasta proclamarse rey de reyes. Advirtió la presencia de dos aldeanas cerca y les pidió consejo. – En verdad os digo que no sé dónde está la clase de dibujo -.Les dijo. Acto seguido, cogió un palo y dibujo sobre la arena un símbolo de interrogación. Ellas lo entendieron y vieron que era algo bueno.
Un guión de Tarantino:
El protagonista A. Russo llega en su Cadillac del 73 a la escuela levantando una enorme polvareda. Durante el camino, mastica obsesivamente chicle y escucha en la radio la música que dispongo a continuación y que se mantendrá durante toda la escena.
Al entrar en el edificio entabla conversación con uno de los estudiantes.
A.Russo:- ¡Eh, capullo!, ¿sabes donde está la clase de dibujo?.
Estudiante1:-Sí, pero un gilipollas como tú con ese acento provinciano no creo que pueda distinguir entre un lápiz y su polla a la hora de dibujar. Así que lárgate de aquí.
A.:- ¿Quieres un chicle?-.
E.:-¿Cómo?-.
A.:-Que si quieres un chicle. Mira, de donde yo vengo los hombres se dividen en 2 grupos: los que siguen mis normas y los que no; y si he venido hasta aquí es porque hacía tiempo que no encontraba de este último grupo y ya me aburría.-
E.:-¿Me estás amenazando?-
Al instante, le propina al estudiante1 un puñetazo que le rompe la nariz y le deja toda la boca ensangrentada.
A.:-No, sólo te estaba ofreciendo esto-.Lanza el chicle al suelo.- Para que se te quite el sabor a sangre-.
A.Russo avanza por el vestíbulo y se sienta en un banco observando con indiferencia a las señoritas que están junto a él.
A.Russo:-Tengo una duda. ¿Creéis que podrés ayudarme?.
Chica 1:- Bueno…, esperemos que sí.
A.Russo sonríe y se mete en clase con ellas a la vez que la música aumenta y se acaba la escena con un fundido en negro.
Según el gran Saúl:
“Y alli estaba yo. Habian pasado las dos primeras horas de mi vida universitaria y nadie se habia dado cuenta de mi presencia. Tampoco me importó, sabia q era superior a todos y q el descanso era de debiles. Tenia ya la maquina de pelar gambas inventada y justo en ese momento ella se sento a mi lado. Xq lo hizo??? estaria cansada direis, xo no, la realidad esq estaba anonadada x mis bocetos de la maquina de pelar gambas. Quedamos en la clase de dibujo para intentar mejorarla y comercializarla. Y despues de 6 años en ellos seguimos, pero la relacion sigue siendo = de fria q el primer día. es fria xo su corazon ya ha sucumbido a mis encantos, eso es tan cierto como q mñn bailare claket en una bacanal de enanos.”
Extraído de “Grandes relatos de juma y alegría, porrones y tontería”.Tomo 2, ed.:Planeta, 2008; de Saúl Fernández Valerio.
Y a continuación, como broche de oro, el video favorito de Saúl:
Sólo me queda decir que falta la forma de la que yo hubiese relatado aquel instante. Pero esa, me lo guardo para otra ocasión.
